En algún momento se
decide ser una foto, imagen, se decide ser palabra, sentido o no, y se decide
también ser cuerpo de obra. Habitar el sonido, ser intérprete, ser músico. En
un famoso libro del año 1923 llamado “Vers une architecture”, tal vez el libro
más influyente en la arquitectura del siglo XX, Le Corbusier, declaró que las
casas eran “máquinas de habitar”. Dada la fecha y el modo de planteo, debía
sonar bastante revolucionario, por lo tanto debía generar también discrepancias
y desacuerdos. El cadáver exquisito bretoniano era contemporáneo. O sea,
algunas ideas estaban “en el aire” y tienen que haber influido. “Organismos
habitables” podes encontrarlos tanto en Villa Savoye, en las afueras de París,
como en la ciudad de La Plata, cerca del bosque a unos 52 km de CABA (aunque
esa casa nunca la vio, la diseñó y llevó a cabo). En realidad podemos estar y
de hecho estamos dentro de ellos ahora mismo. Está el techo, las paredes, las
puertas para pasar. Nos invitan inevitablemente a ser parte. Ahora, la analogía
con el sonido marca varias pautas. Para tratar de ser más visual, podríamos
decir que el sonido está compuesto por células, (porque está vivo), llamados
armónicos. Y tratamos de explicar un poco qué son: Los armónicos son las
sinusoides que componen un sonido cualquiera. La sinusoide sería a su vez la
porción mínima del sonido, siguiendo con la comparación visual resulta algo
microscópico. La porción mínima de una onda sinusoidal se denomina ciclo y el
período es el resultado del tiempo que tarda el ciclo en ser repetido.
Resultaría por lo tanto algo así como el sonido mínimo y en su mayor nivel de
pureza. En el espectro de armónicos, (el cuerpo del sonido, el soma sonoro), se
puede obtener un sonido con una altura determinada, porque la relación matemática
entre los principales armónicos refuerzan a un sonido fundamental. Pero, si la
relación entre ellos es inarmónica el resultado puede ser un sonido
indeterminado. Esto sería a grandes rasgos. También tenemos relaciones
intermedias. Sin hablar todavía del componente fundamental del timbre que
resulta el ataque y la evolución de la envolvente armónica, en la cual algunos
armónicos decaen más rápido que otros, como en el caso del piano. Dado que
pueden aparecer durante la duración del sonido, como en las cuerdas frotadas o
cuando suena una campana. Esto en base es lo que suele enseñar gente como
Gustavo Basso, que debe ser uno de los mejores docentes y músicos que andan o
anduvieron por la facultad de Bellas Artes. Saliendo de los sonidos
determinados, intermedios o indeterminados, y el habitarlos, si hablamos
puntualmente del timbre, volvamos si te parece al tema del ataque. Actualmente
por medios tecnológicos digitales, (ya se hacía con tecnología analógica:
Stockhausen, Boulez, Gandini, The Beatles, Hendrix, etc), podemos “quitar el
ataque”. Entonces imaginemos que queda del sonido que todos conocen como: eso
es un piano, eso es una guitarra, eso es un golpe en un timbal. Un piano sin el
golpe del martillo, podría ser confundido con un instrumento de cuerda frotada,
la guitarra sin el ataque de uñas, plectro o yemas también, ¿y el timbal? Todo
saldría de la “nada” como la voz humana. ¿Qué opinas al respecto y qué crees
que te atrajo del sonido del piano? El primero que tuviste creo ¿fue uno que
derivó en cierta forma en los Steinway Sons actuales?, ¿un Bechstein? Yo tuve
uno vertical en La Plata.
-Mi primer piano no fue
un Bechstein, fue también un piano vertical, nacional. Mis padres lo compraron
cuando yo tenía 5 años y quise empezar a tocar. Después a los 15 me regalaron
un piano de cola que era un Schiedmeyer, (el dueño de ese piano, un canalla
reconocido, se lo vendió a mis padres con la tabla armónica partida), me duró
poco. Y el Bechstein llegó para mis 20 años, en un momento en el que mi papá -recuerdo esto muy vívidamente- me dijo que no podía ayudarme económicamente en “todo”.¿Qué era mi “todo”? Era irme a Europa de
viaje con mi novio de entonces, y además comprarme el piano Bechstein. Me hizo
elegir. Hizo bien. Hice bien. Ese piano lo tuve por 15 o 16 años y luego llegó
el que sigo teniendo hoy.
Me gusta lo que decís
acerca del sonido sin ataque. Es una especie de analogía con el infinito. Con
habitar ese territorio sin bordes, que serían los ataques, ¿no? No sé cómo
sonaría el piano con la quita artificial del golpe del martillo. Probablemente,
más que como cuerda frotada, como arpa. La cuerda frotada está condenada al
legato. Lo digo con envidia… El legato es físicamente imposible en el piano, es
una ilusión que buscamos siempre. Porque justamente no tenemos una posibilidad
real, física, en la anatomía del instrumento que nos permita unir una nota
completamente a su predecesora. Sí o sí hay una pequeña muerte, que esfumamos a
través de infinitos mecanismos técnicos con el trabajo de una vida en nuestras
manos. En este sentido te cuento que trabajar como maestra de cámara de
percusionistas me permitió aprender a encontrar enunciados posibles sobre esto.
Porque los percusionistas tienen el mismo desafío, no pueden ligar. Sólo que en
sus instrumentos esto queda descarnadamente a la vista. Me encontré muchas
veces hablando de qué es lo que sucede en términos de variaciones sutiles del volumen
en una frase en marimba por ejemplo, que generen la sensación de estar ligando
lo que está indefectiblemente suelto. Y me da alegría cuando sucede, como una
magia.
En este evocar el
sonido como entidad por sí misma me aparece un recuerdo de infancia muy
potente: cuando tenía 7 u 8 años más o menos, aprendí a desarmar el piano
vertical, le quitaba las maderas (que eran pesadísimas para mí , lo vivía como
una proeza) y dejaba al descubierto los martillos y las cuerdas de aquel piano
vertical. Acto seguido, tocaba clusters muy fuerte (yo no sabía qué era un
cluster, pero eso era lo que hacía) y dejaba apretado el pedal. Lo hacía de
pie, porque no llegaba a los pedales. El sonido me envolvía, me fascinaba.
Esperaba a que se apague y después lo repetía. A veces por horas. Era, a su
modo, una experiencia narcótica.
Subjetividad,
subyacencia y exposición interpretativa
-El intérprete es tal
vez todo lo que espera el que está escuchando, pero sin saberlo. Tenga esto
lugar en un teatro, recital o en su perfil privado, un lugar para conocidos o
su propia casa gracias a lo que nos aporta en audio y video la tecnología. Y se
da una suerte de pacto mudo, de confesión a dos partes que nunca tuvo lugar,
pero que intenta decirlo todo. Esto se traduciría en una sucesión emocional,
diferentes grados de intensidad, que transmite al escucha dado que el verdadero
sound round y surround, el sonido redondo y que nos envuelve, sólo lo entiende
la mente. Y de allí se escurre por todo el cuerpo. Nos hace presas de
emociones, sin daños, y nos cambia. Terminamos de escuchar y somos otros, no
hay vuelta atrás. Y el elemento “abstracto” en juego, la música, ocurre en
distintos planos. En el plano interno del intérprete, porque nadie sabe lo que
realmente está pensando. Por más versado en teorías y tecnicismos que se sea.
En el plano discursivo, por transmisión, cual corriente de energía. Y en el receptivo,
dado que tampoco sabemos que pasa por la mente del escucha. Me refiero más que
todo al escucha atento, no tanto al intermitente que hace muchas cosas a la
vez. Entre otras cosas cuando estudias obras aprendes que la atención por
esfuerzo y retentiva, puede ser más expansiva de lo que se cree y a un nivel
notable.
-Sabés que no creo que
el procedimiento sea consciente en estos niveles que planteás… al menos para
mí. Cuando estudio no estoy pensando en el receptor. Estoy tratando de
construir algo y ese proceso me es muy absorbente. De todas formas no sé si
entiendo bien tu pregunta, pero lo que es cierto es que no existe ninguna
certeza, como en ningún acto comunicacional, de que lo que envío llega tal como
yo lo envío. Por eso es tan único el vivo, porque no se puede planear del todo.
Fernanda Morello
Canales de transmisión
de un storyteller
-Este tipo de
característica de transmisión de intensidad en canales de manera inalterable y
constante la percibo siempre en los buenos intérpretes. Tuve la suerte de conocer
bastantes. Y cuando no queda otra opción dado el vencimiento de vida o las
distancias se conocen por lo que queda, los registros. Entre otros Keith
Jarrett usa este lenguaje de ingeniería, si se quiere, el tema de los canales
de transmisión. Además de agregar que es un cuenta cuentos. “Yo cuando toco
cuento historias”. Las historias con la abstracción, cuerpo y destino que le
permitimos. Me gusta mucho cómo tocás/contás Schumann, dado el caso, si se
puede decir, y no te molesta que lo haga.
-Muchas gracias,
Alejandro. Creo que Jarrett da en la tecla, jaja. Siempre pienso que la música
es una narrativa. Y lo sentí desde siempre, mucho antes de pensarlo, y mucho
menos de estudiarlo como proceso semiótico. Una vez leí un artículo de Michel
Schneider de los que recopiló en “Músicas Nocturnas” que me fascinó, en el que
hablaba acerca de cómo Schumann “habla”. No “dice”, como sí lo hace Schubert -según Schneider, sigo -ni “reza” como Bach. Habla. Y agregaba, y yo se lo robo,
que sentía que Schumann le habla.
Es un compositor que me generó siempre una inmensa cercanía, algo del orden de
compartir un secreto. Schumann es un compositor que transité muchísimo, tanto
en piano solo como en cámara. Reencontrarme con él es siempre volver a casa de
algún modo.
Fraseos
-¿Qué es para vos
pensar y generar un fraseo melódico, darle riqueza expositiva? Teniendo en
cuenta las lecturas de la partitura y las cosas que se van incorporando en
progresión. ¿Tenes algunos referentes clásicos para estudio: Gieseking, Cortot,
Gulda?...
-Qué buena manera de
preguntarlo. Darle riqueza expositiva, sí. Entender las capas de su relevancia
en el contexto de toda la sección, de toda la obra. Tomar decisiones
relacionadas con el paradigma fondo y figura. Intentar asimilar la frase a lo lingüístico
en algún plano.
Referentes clásicos… tengo
muchos. Me impacta lo que la tecnología permite hacer hoy para facilitar el
acceso a versiones de lo que se nos ocurra en todo momento. Cuando yo estudiaba
de chica era tan diferente. Me acuerdo lo que me costó llegar a dar con
versiones (¡¡de cassette!!) de pianistas que conocía por lecturas, como
Schnabel o Backhaus. El primer CD que me compré en mi vida fue a los 19 años,
justamente un disco de Backhaus que encontré en un viaje, no podía creerlo.
De los que nombrás en
tu pregunta, Cortot sin duda, tengo muchos escritos suyos además y Gieseking y
su libro y sus versiones (por ejemplo los Preludes de Debussy son
insuperables). Hay pianistas que busco con curiosidad para ver qué pensaron,
más allá de que no coincida o no siempre “compre” lo que hagan. Uno es Sokolov.
Es impresionante en su capacidad de enunciar de una manera personalísima.
Incluso cuando no me gusta, me gusta. Hay pianistas que son extraordinarios y
no tan tan famosos que también me encantan y me han ayudado mucho. Mischa
Petukhov, por ejemplo. Hay muchos pianistas que me parecen dueños de la última
palabra en versiones de ciertas obras: Pogorelich con el Gaspard de la Nuit,
Tureck con Bach, Richter con Schumann, Andras Schiff, Murray Perahia en los
conciertos de Mozart. La lista sería eterna. Y por supuesto está Martha, pero
ella no puede ser referencia, es absolutamente imposible intentar imitarla o
racionalizar lo que hace. Solamente contemplarla como el fuego.
Fernanda Morello
La primera vista
-A todo esto, la
lectura a primera vista, incluso para los más versados, ¿genera un sonido
“semicrudo”? Un jazzero o un intérprete flamenco podría decir “sucio”, o un
tanguero “tocar a la parrilla”. Aclaremos que eso no es necesariamente malo,
puede marcar un estilo. Y a veces parece buscado, dado el caso de Barenboim que
suele tocar sonatas de Beethoven cuando grabó tango con su disco “Mi Buenos
Aires querido”, dijo, “queríamos ese sonido, “un sonido a la parrilla””.
Grabaron sin mucho ensayo, y puede que se escuche la lectura, puede que sea
subjetividad también.
-No lo había pensado
nunca, pero creo que tenés razón. De todas maneras creo que rara vez hay
testimonios grabados de primeras vistas.En lo que sí disiento es en poner en la categoría del sucio o del tocar
a la parrilla de los otros géneros a la lectura a primera vista de la música
académica. La “repentización” que permiten el jazz, el tango o el folklore no
dañan el impulso vital de esa música como objeto cultural. En cambio la lectura
a primera vista es casi sin excepción deficitaria en la música llamada
“clásica”. Creo que la espontaneidad, indispensable en todo lo performático por
supuesto, tiene otro “cableado” -digamos-en otras músicas.
Las memorias
-Todo intérprete que
tiene cierta preparación conoce varios tipos de memorias: la nominal, la táctil
o muscular, la auditiva, la que se saca por análisis armónico, la visual. Tal
vez existen tantos tipos de memorias como tipos de inteligencias, y pocos suelen
mencionarlo. La falta de alguna puede también generar virtud o defecto. O
defecto que se hace virtud, mejor dicho, hay casos históricos, sobre todo en el
jazz, (Art Tatum, etc). Y en un standard de jazz dado el caso, se produce una
interacción de todas de forma bastante interesante. Tanto desde el análisis
vertical, con los cifrados como desde una línea melódica y el corte horizontal
que realiza y lo que estas pueden generar a nivel expansivo. Si un tema como
“Blue Monk”, lo arregla y toca Bill Evans, creo que me ahorra todo lo que digo.
-Me cuesta hacer
paralelismos entre la música “clásica” y el jazz. Me encanta el jazz. De hecho
soy muy fan de Bill Evans y de Nina Simone. También Miles Davis (por épocas) y
muchos cantantes. Escucho mucho jazz en
ocasiones de distensión, me gusta mucho también lo que hay en el jazz argentino
hoy, voy a shows cuando puedo.
En términos de
memorias, estamos en planetas diferentes la música clásica y el jazz.
Lo que decís de la
compensación que genera... Tiene que ver con el texto. El texto escrito tiene
una soberanía de otra naturaleza en unas músicas y en otras. El texto en
general, de hecho. Estoy empezando a ver en partes una conferencia sobre la
tonalidad como fuerza colonizadora en Africa, de Kofi Agawu. Me parece
fascinante la idea.
Si vamos a un terreno
más próximo y que tiene que ver con decisiones de mi vida profesional, el tema
de tocar o no de memoria es una decisión en la que me encuentro muchas veces.
Creo que optar por leer -obviamente no es ningún dilema en la música de cámara
sino en las presentaciones como solista- algunas veces va a favor de la música
y otras en contra. Trato de ser honesta con este vector a la hora de decidir.
Muchas veces, cuando me
pongo sobre exigente o despiadada conmigo, me sirve pensar en qué me sucede
cuando soy oyente. Espectadora en un concierto y el pianista decide poner la
partitura. No me cambia nada. Lo único que me importa es si sucede o no la
música, si hay conexión, si me llama. Una maestra brillante que tuve decía “si
durante un concierto me pongo a pensar en la lista del supermercado pendiente
es que las cosas no están funcionando allí”. Y es una buena síntesis. Y
claramente no depende de la presencia o no del libro.
“La arena de deportes
sangrienta” (frase de Glenn Gould)
-Villa Lobos decía que
“el público es un monstruo impredecible”. Esto lo deben haber dicho muchos
intérpretes y de distintas formas. Me causa un poco de gracia recordar la
frase, porque me la decía de adolescente mi profesor de guitarra clásica, y
hacía las gesticulaciones que implican una potencial amenaza de un monstruo. A
todo esto, el público ha cambiado e incluso mutado desde las épocas en que
Villa Lobos recorría la selva con un loro en el hombro al mejor estilo
Fitzcarraldo de Herzog para encontrar nuevos sonidos. Estás tocando y el
público está ahí, no importa el lugar. ¿Qué tipo de sensaciones e impresiones
te da? Sin contar la presión, que se supone superada en gente tan profesional
como vos. Pero, hasta cuando se practica un pasaje con metrónomo hay presión. O
en las tomas de grabación, una presión invisible, pero ahí está. ¿Cuál es tu
opinión sobre esto?
-La relación con el
escenario va cambiando a medida que uno crece en la música y en edad, sobre
todo esto último. Estar en un escenario es un acto lleno de capas, de
contradicciones incluso para algunos. Sin embargo hace tiempo que me di cuenta
de que en mi caso hay algo de una intensidad que me resulta irreemplazable, una
experiencia de aquí y ahora como ninguna otra. Soy, como dice un colega, un
bicho de escenario. No sé si eso es algo que se trae o solamente se trabaja.
Claramente trabajé y trabajo mucho en esto. Los fantasmas que nos salen al
encuentro en las primeras ocasiones no son los mismos que los que pueden
visitarnos más adelante. Creo que uno tiene que hacer las paces con el hecho de
que quiere estar allí, que necesita estar allí primero. Y luego tratar de
sintonizar un dar. Darse, mostrar los secretos, la tripa, como quieras
llamarlo, es un acto generoso que los artistas hacen. En el caso de los
intérpretes en el delicado equilibrio(y
soy una convencida de que los años son los mejores aliados para esto) que
presupone ser justamente un “intérprete”, alguien que es un canal de otro que
es el verdadero emisor. La música que llevamos al escenario tiene la paradoja
de no pertenecernos… yal mismo tiempo,
sí. Es una paradoja amorosa en mi opinión. Las veces que más disfruté de la
circunstancia de tocar fueron aquellas en las que estuve presente por completo,
entregada, dejándome lavar por los
sonidos y compartiendo esta ceremonia con los presentes, todos en silencio,
incluso yo. Algo de lo que Spinetta dice con “me estoy volviendo canción” o
algo de la electricidad de la que habla el chico de Billy Elliot. Algo que
sucede, a veces, pocas veces por lo menos a mí, y que no puedo gobernar. Apenas
convocar y esperar lo mejor.
Cuando sucede es lo más
gratificante del mundo. Es una experiencia que transciende el ego.
La grabación es otro
cantar, jaja. Es muy diferente el estudio, siempre me costó más. Es estar
encerrado como “al vacío” y me cuesta encontrar el contenido expresivo. Hay que
ir al estudio con mucha claridad de interpretación y una estrategia clara. Yo
esto lo aprendí en el hacer. Equivocándome muchísimo. Pero esa experiencia me
permite encarar las cosas de un modo diferente hoy. Tengo el privilegio de
haber grabado mucho. Y lo que más me gusta o en lo que más cómoda me siento es
en las grabaciones con seteos en vivo. Grabé un disco en la Usina del Arte (con
José Araujo) y dos en el CCK, una participación con Juan Esteban Cuacci a dos
pianos y mi último disco como solista, que saldrá en mayo, que se llama
“Territorios”, que gira en torno a paisajes latinoamericanos desde el piano.
Reinterpretación que
construye un discurso (el intérprete)
-Una intérprete, que
fue alumna entre otros de Alfred Cortot y Edwin Fischer y luego una teórica muy
destacada, me refiero a Monique Deschaussées, entre sus análisis “junguianos”
de interpretación me atrevería a decir, da la pauta de diferencia entre autores
como Chopin y Schumann y lo dice de una forma romántica, acorde con la época en
que vivieron estos autores. “Para decir en una obra Chopin se va hundiendo
lentamente, en un progresivo desaparecer como de arenas movedizas. En cambio
Schumann no lo duda un instante y se tira de cabeza al agua”. Me permití la
paráfrasis, cuestiones biográficas de ambos parecen influir en sus impresiones,
vos tocas ambos autores. También sabes de sus influencias. Chopin era muy
admirador del bel canto, le gustaba mucho escuchar ópera y Schumann tal vez
resulta el más literario de los compositores de más alto vuelo. Cuando reviso
material pretérito, textos o música que hice me doy cuenta que me reitero, me
autocito mucho. Pero eso no debe resultar tan malo. Se van generando conductas
en base a la reiteración, y esto también termina resultando en un estilo
característico de alguien, puede gustar o no, pero ahí está. Cabe agregar que
un intérprete es y lo sabe aunque lo niegue un recompositor de las obras que
ejecuta. Sería una suerte de “arreglador” interpretativo, si te gusta el
término. ¿Qué opinión te emparentan con estas cuestiones?
-Pienso que la música
académica tarda en aceptar la realidad de obra abierta de la que hace años
hablaba Eco. De algún modo esta música por mucho tiempo tuvo una pretensión de
“objetividad estilística” por llamarlo de algún modo como demanda para el
intérprete. El equilibrio de subjetividades, las capas de construcción de estos
discursos son muy delicadas.
Hoy pienso que lo más
honesto que podemos hacer, y es algo que trato de transmitir a mis alumnos, es
por un lado nutrirnos de la noción de estilo del compositor que vamos a
interpretar y por otro lado, establecer frente a cada obra una hipótesis de trabajo,
una dramaturgia, una narrativa. E intentar probarla con la evidencia del texto.
Somos Sherlocksdel piano les digo a los
chicos muchas veces. Estamos reconstruyendo un pensamiento a partir de pistas.
La maravilla del arte es que en esta búsqueda vamos a encontrar que las obras
nos hablan de un modo personal. Que rara vez la obra que nos llega no trae un
mensaje para nuestro crecimiento interno.
Fernanda Morello
Fuentes y referencias
-Estamos un poco
desmaterializados, por lo virtual, pero hagamos de cuenta que tenemos enfrente
la discoteca, ahí están tus discos y autores preferidos. ¿Cuáles serían y por
qué?
-Me cuesta hablar de
compositores preferidos: son amados y es difícil elegir. Te nombro cinco:
Schumann, por supuesto. Brahms (tengo una especie de altarcito en casa), Ravel,
Debussy, Mozart. No tengo una relación con discos como preferidos. Me acompañan
un tiempo y rotan, algunos permanecen. En la situación de escuchar música
clásica casi siempre estoy buscando aprender o ser inspirada por otra versión. En
otras situaciones me han acompañado mucho Kind of Blue de Davis, Portrait in Jazz
del Bill Evans trio, Released y Unreleased el disco doble del Kronos Quartet,
UP y SO y Passion y Scratch my back de Peter Gabriel. West Side Story en la
versión del propio Bernstein, el disco doble de EMI con las canciones completas
de Debussy, Moon Shaped Pool de Radiohead, por decirte algunos ejemplos
significativos.
Mood, clima y texturas
-Hay autores que
generan un clima ya a las pocas notas de escucha, dado el caso, Chopin. De él
como decíamos tenes un disco que comparte con Schumann: “Diálogos de Logia”.
Cuando haces la documentación histórica del autor, ¿soles ser de los
intérpretes que tratan de buscar todo lo relacionado o te limitas más bien a un
rigor histórico específico, ciertas pautas o rasgos y partís de ahí? Te doy
algunos ejemplos: Thibaudet hace tiempo cuando hacía una gira y tocaba Debussy
y Ravel, decía en una entrevista “me leí toda correspondencia del autor, tengo
la sangre de Ravel”. Y por el otro lado tenes a András Schiff que suele aconsejar
buscar sólo los rasgos generales. Por mi modesta parte me gusta mucho saber qué
hace alguien si me tomo el trabajo de estudiarlo, y entre los compositores,
incluso los de estudio, siempre traté de buscar todo sobre su vida y entorno. A
veces sólo había una cita de diccionario especializado. Pero me encontré con
ladrones, desertores de ejércitos napoleónicos y hasta con criminales.
Resultaba interesante después tocar sus obras, al menos para mí. O tal vez lo
opuesto, perdía el interés en las mismas.
-Tengo tendencia a
tratar de hacer contacto con la energía del compositor. Y eso me sucede de
formas variadas. A veces leyendo mucho, a veces escuchando. A veces en sueños.
También tengo amigos artistas de otras disciplinas que me inspiran mucho. Me
encanta leer diarios personales y correspondencia. Me resulta fascinante y una
puerta a un universo personal y simbólico. Cuando hay mucho material en esa
línea lo aprovecho: Mozart, Debussy, Ravel, Satie y por supuesto los diarios de
Clara y Robert Schumann.
Lo más formativo es
conocer el repertorio extra pianístico y sobre todo, las canciones. Un día me
di cuenta de que los compositores que más amo fueron todos compositores de
canciones. La elección de ciertos poemas habla mucho de qué los conmovía, y eso
me resulta muy nutritivo.
Pulsión de vida
-Se te nota como una
persona con mucha energía, a veces tal vez contenida, pero se capta, está ahí.
Y no creo engañarme. Creo que eso hace a los buenos intérpretes si saben
encausarla y hace del mismo modo buenos a los que se especialicen en cualquier
actividad que sea. Por cierto, hace poco en una entrevista que te hicieron por
motivo del Teatro Colón, muy buena por cierto, te preguntan si se puede vivir
de la música, ¿podrías volver a contestar?
-La energía no se
contiene. Es energía. Lo que sucede es que cambia la manifestación, forma, el
gran filamento que atraviesa todo, ese es el asunto. Qué forma toma esa
energía. Ciertamente tengo mucha. Hago muchas cosas, y estoy casi siempre en
estado de búsqueda. De intentar crecer en algún plano. Otras veces la turbina
se prende en el sentido inverso… y son días difíciles. Pero cada vez me siento
más cómoda en mí ser. Se puede vivir de la música, es justo hoy en esta
pandemia y sus implicancias difícil de responder la pregunta. Pero estoy
aprendiendo mucho y multiplicando estrategias virtuales para enseñar, por
ejemplo.
Tiempos
-Le pones nombre a los
pianos, conozco gente que hace eso. Viste que obras como las de Bartok y
posteriores tienen una indicación de duración muy precisa, exacta, digamos.
¿Alguna vez haces el cálculo de cuántos minutos de música, (pueden pasar la
hora), estudiaste para una presentación? ¿Se necesita tanta precisión en
conceptos como tiempo, duración?
-Cuando diseñás el
programa de un concierto medís cada obra cuidadosamente para armar una disposición
posible, claro. No sé si es eso lo que me preguntás. Creo que los conciertos
idealmente no deberían sobrepasar los 80 minutos.
Anécdota de lectura
-Te comentaba de que
suelo buscar mucha información relacionada a los autores, eso a veces para los
que no conocen te puede hacer parecer un fan, algo que yo no soy, de nada ni de
nadie. Tenes un disco con Guillo Espel, en el cual aparecen temas con nombres
de mujeres, y entre ellos Eleanor Rigby, en una versión algo jazzera, ¿puede
ser? Más que todo por el manejo de los “voicings”. Te cuento si me permitís la
anécdota de Paul McCartney, autor del tema, con George Martin, la cita Barry
Miles en su libro sobre el primero. Si no me equivoco lo compuso en mi menor,
con dos cambios, en primera posición y en una guitarra. Cuando se la enseñó a
George Martin, este que era muy intuitivo y estudioso a la vez se dio cuenta
que era una gran canción, pero que no estaba bien encarada. Y le empezó a
hablar sobre las voces, la conducción de ellas y la posibilidad de expandir los
registros. Resumen, le estaba diciendo cómo se trabaja con los corales, como
hacía Bach. Y la canción como sabemos terminó tocada por un cuarteto de cuerdas
sobre el que cantan Lennon y McCartney. Cabe decir que George Martin debe su
talento, no sólo a su capacidad innata, y tocar bastante en piano y violín,
sino a sus inquietudes. Pocos mencionan que aprendió sólo instrumentación, algo
que de la teoría a la práctica resulta muy complejo y debes saberlo. El mismo
George Gershwin tuvo toda una temática por la cuestión, y sabía componer.
Entonces desde acá te vuelvo a preguntar, ¿si uno quiere, puede vivir de lo que
le apasiona? Hay una famosa película argentina que ganó un Oscar en que un
personaje hace hincapié en que te pueden cambiar todo, menos la pasión.
¿Soberbia verdad?
-Primero te quiero
decir que el disco que hice con Guillo Espel es el que más he disfrutado de mi
carrera. Fue un trabajo en todo plano lúdico y que atesoraré siempre.
Con respecto a vivir de
la música, es un momento complicado para articular un argumento a favor del
“querer es poder”. Creo que el deseo es algo complejo y polifónico. Y a veces,
como bien dicen los psicoanalistas, el deseo inconsciente no se alinea con el
consciente. Al mismo tiempo creo que no debe existir una sola persona que no
cuestione aspectos de su vocación o carrera que no le satisfacen o le son
insuficientes. Vivir de lo que nos apasiona es posible. Pero para que eso
suceda es imprescindible entender de qué se trata esta pasión, que conlleva, y
quienes somos nosotros, o qué tenemos para aportar. Y eso es la búsqueda de una
vida entera. En eso me encuentro, si en el futuro llego a otras certezas,
prometo compartirlas.
Fernanda Morello
El instante preciso
-Terminamos acá, con
esta cuestión de “maquinas habitables”. Y también con ciertas certezas que te
dan el comparar lenguajes. Cartier Bresson cofundador de la agencia Magnum
hablaba del “instante preciso” para sacar una foto. Un momento exacto en que se
da la comunión, el nexo entre cuerpo, mente y corazón. Yo creo que nadie conoce
mejor ese instante, que puede ser recurrente, ¿por qué no?, que un buen
intérprete. ¡Gracias, Fernanda!
Jackie, desde Alemania, primera revelación (2). Diarios. Alejandro Leibowich
Datos
Sitio Web Cultural en Lengua Española Dedicado a la Música, Literatura, Filosofía y el Cine. Coordinado por: Alejandro Leibowich, músico y escritor. Colaboraciones: Adriana Santa Cruz, escritora y periodista. Ana Grynbaum, escritora y psicóloga. Carolina Diez, escritora y actriz. Jordi Rocandio Clua, escritor y profesor en primaria. Juan Basterra, escritor y profesor de biología. Néstor Darío Figueiras, músico y escritor. María Laura Pérez Gras, escritora y académica. María Guillermina Fa, música y docente. Marcelo Rubio, escritor. María Rosa Lojo, escritora y académica. Pablo Di Marco, escritor y corrector. Pablo Martínez Burkett, escritor y abogado. Pablo Korol, escritor. Violeta Balián, escritora y traductora. Inspiración: Anoushka Shankar
Ravi Shankar
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Natalia Smirnoff: "me gusta la imagen que da una versión propia de la realidad". Alejandro Leibowich. Click en la imagen
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El Eclipse de Gyllene Draken. Blog personal de Pablo Martínez Burkett. Click en la imagen
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Carolina Diez Ilustraciones: Ximena Pereira, Viviana Artigas Aún puedo verlo en las neblinas de mi memoria. Su sonrisa estampada sobre ...
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Piazzolla, los años del tiburón
Piazzolla, los años del tiburón. Daniel Rosenfeld. Click en la imagen
Madeleine Clair
Ravel, les jeux d'eau, Madeleine Clair, piano. Clic ici.
Lila Azam Zanganeh
¿Por qué leer este libro o cualquier otro? (Prefacio de "El encantador, Nabokov y la felicidad"). Lila Azam Zanganeh. Click en la imagen
Espido Freire
Espido Freire. Entrevista de Mayte Bonilla Castro. Click en la imagen
Marcelo Rubio
Entrevista a Marcelo Rubio por su novela "El Cristo roto", ¿Sos creyente o restaurador? (Todos están mintiendo). Alejandro Leibowich. Click en la imagen
Zaida Kassab
En la cámara de revelado: "Rizoma" de Zaida Kassab. Alejandro Leibowich. Click en la imagen
Florencia Lobo
El corazón tempestuoso de una bahía profunda: Florencia Lobo. Alejandro Leibowich. Click en la imagen
Norah Jones
Pedro Aznar
Pedro Aznar. Click en la imagen
Fernanda Morello
Haydée Schvartz/Gabriela Bernasconi
Alina Gandini & Hotelera
Alejandro Leibowich
Reema
Sohini Roychowdhury Dasgupta
Sohini Roychowdhury Dasgupta: la meditación visionaria en un eterno retorno. Alejandro Leibowich. Click en la imagen
Julio Rigoli
Cuatro cuerdas del rock platense: Julio Rigoli. Alejandro Leibowich. Click en la imagen
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